Culturas… ¿De cualquiera?

Publicado originalmente en Contexto.
Todas las personas tenemos cultura. ¿Todas contamos con oportunidades y recursos equitativos para dar respuesta a nuestras necesidades culturales? Un informe elaborado por la Universidad de Warwick lo pone en duda: las actividades culturales financiadas con recursos públicos se concentran en el 8% de la población del Reino Unido. Se trata del 8% más rico, de mayor nivel educativo y menos diverso. En España no tenemos un conocimiento tan detallado, pero por lo que sabemos el escenario no es muy diferente. Sin embargo, cultura y desigualdad parecen caminar por agendas separadas. En el debate sobre el presente y futuro de las ciudades, discutimos intensamente sobre las desigualdades en la salud, la vivienda o la educación, pero mucho menos sobre las desigualdades en el ámbito de la cultura. A pesar de que existen iniciativas relevantes, ni los derechos culturales tienen un papel significativo en las estrategias para abordar las desigualdades urbanas, ni la equidad ocupa el lugar central de la agenda de las políticas culturales.
Aunque también es limitada la investigación que se desarrolla sobre estos temas, sabemos que existen (y persisten) desigualdades en la participación, la producción y la toma de decisiones en el ámbito cultural, al menos allí donde intervienen las políticas públicas. Tu clase social, el territorio donde vives, el nivel de estudios al que has podido acceder, tu género o la edad que tengas condicionan estas desigualdades. Un ejemplo. A la hora de ejercer tu derecho a la participación en la vida cultural de la ciudad, tu código postal puede ser tan o más importante que tu código genético. Vivir en un determinado barrio (ciudad o pueblo) puede resultar un factor que explica las desigualdades en la participación cultural. Un efecto que se produce no sólo por la posible ausencia de equipamientos culturales, sino también porque las condiciones de vida en ese territorio influyen directamente en el ejercicio de los derechos culturales. En este sentido, la tecnología es una respuesta limitada. Cierta masificación en el consumo cultural digital no implica necesariamente menos desigualdad. Más bien asistimos a la reproducción de algunas de esas viejas desigualdades y la aparición de nuevas formas de exclusión.
¿Qué tipo de políticas culturales necesitamos entonces para hacer frente a las desigualdades en este ámbito? Aquellas que pongan la equidad en el centro de la agenda. Hay experiencias de las que aprender. Algunas, en el campo tradicional de las políticas culturales. Pero también en otros sectores de políticas públicas. En cualquier caso, hay que evitar confundir equidad y homogeneidad. Hacer frente a la desigualdad no significa “la misma cultura para todos”, administrada (y suministrada) por las mismas organizaciones. Equidad implica intervenciones específicas en función de necesidades diferentes. En el ámbito de la cultura deberíamos saberlo: se trata de promover la equidad en la diversidad. La diversidad de capacidades y de prácticas de las personas y comunidades. Mucha participación cultural pasa más allá de la participación en las instituciones culturales, o más allá de cómo estas instituciones lo habían previsto. No podemos ignorar esta participación, pero tampoco segregarla. La diversidad no está exenta de desigualdad, pero es un activo imprescindible para cualquier estrategia en favor de la equidad.
Hablar de cultura y equidad es hablar de espacios y momentos para compartir (enfrentar y negociar) las diferencias. Y poder hacerlo entre personas y también entre colectivos diferentes. Cuando pienso en estos temas, recuerdo una conversación y unas palabras de Noemí Rocabert, directora de la Escuela Mestre Morera, del barrio de Ciutat Meridiana en Barcelona: “Nos han hablado siempre de equidad social y de identidad cultural, pero para nosotros la clave es la inversa: equidad cultural e identidad social”.
* Parte de estas reflexiones están relacionadas con dos proyectos de los que formo parte y a los cuales quiero agradecer: el grupo de trabajo “Cultura y desigualdad en Barcelona” y la investigación “Políticas culturales locales y equidad.   

 

 

 

 

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